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Japón ★ Año 5000
La ciudad donde los gritos son el eco de la violencia, donde la sangre tiñe las manos de sus habitantes, las lágrimas son el icono de la miseria y las risas siniestras el temeroso despertar de muchos que confunden deseo y violencia. Las sombras se adueñan de sus calles más antiguas mientras en el nuevo pavimento luce un sol que esconde terribles tormentas. Miles de ojos ignoran lo que tras la ciudad se teje, las telarañas que se mecen a voluntad de los más poderosos. Mientras en su agujero algunos luchan por ver la luz.

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Subterráneo | Humano | Seme
06. Grigori
Subterráneo | Mestizo | Suke
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Subterráneo | Caronte | Seme
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my head still won't die ─ wip.

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 por Karma el Vie Jun 14, 2019 2:01 am
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Frase :
And you'll feel better when you wake up
Sun always seems to wash our fears away
And it's always shining somewhere
I just gotta get there

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Reenfundado

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Karma
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"Didn't I tell you?

I can be a fucking mess sometimes."

Nombre: Karma. Apellido: Indefinido. Edad: Veinticuatro aparentes. Reales, desconocidos. Posición: Pasivo. Grupo: Fugitivos de la ley. Raza: Reenfundado ─ Ghoul. Ocupación: Oportunista, por no decir un intento frustrado de guionista. Nacionalidad: Indefinida.


'Cause I just feel so tired, like it's move or slowly die. Said, "You ain't you, when you're like this". "This ain't you and you know it". But ain't that just the point?
Psicología

Mínimo de líneas: 20 |  Información obligatoria


And I got way too many routes to take, to make this all just go away and find another heart to break; so heartless with these words I say.
Historia

UNO.

Estás solo. En una habitación.
En un espacio que no conoces.
Respiras, o haces el intento de hacerlo, tus pulmones se han convertido en fuego.
El impulso aún vibrante te sacude por completo y tiemblas indefenso.
Tus manos mugrientas ocultan sangre. ¿Es acaso tu sangre?
Rápido tocas tu rostro, tu pecho, tus brazos y buscas la herida.

No vamos a detallar el intrincado proceso con el cual la ciencia logró perpetuar la existencia y ensanchar lo que una vez se dio por efímero, repartiéndose cual apuesta de dados a quién le correspondía la lotería de ser dios por una noche. Tampoco vamos a ahondar en lo que una vez pudo haber sido una vida marchita y truncada. Prefiero dejar las cosas fluir a través de sus ojos, de sus experiencias, esas que  le crearon sentimientos que se quedaron casi atascados bajo su piel.

Su origen es incierto, secreto. Guarda con recelo el nombre del pueblo al que llamó hogar, el sobrenombre del que sus progenitores se hacían para referirle con cariño, la fecha en la que conmemoraba su natalicio, su materia favorita y sus juegos de infancia. Todo sigue siendo un enigma.

Su familia era simple, un folleto de páginas que parecen ya repetidas. Dos hermanos mayores, un perro, el abuelo. Una madre cariñosa, esposa de un padre responsable. Vivían cerca de la costa. Por años el olor a salitre fue su despertar seguido del ronroneo de la marea y la bocina de algún barco pesquero zarpando a la distancia. Melancolía le causa recordar el sol rozando su morena espalda junto al griterío del mercado los sábados por la mañana, los días que tocaba acompañar al abuelo en su puesto de confiterías. El anciano solía “pagarle” con dulces de almendra que luego su madre confiscaba al descubrir que no se cepillaba los dientes. Naturalmente el abuelo fue el primero en morir y con él, aprendió el significado de un funeral, del peso aplastante que significa comprender que nunca volverás a ver a tu ser querido. Aquello le enseñó que las cosas no podían darse por sentadas.

Creció. Cursó sus estudios básicos en una escuela a la que debía viajar un tramo a pie y luego por tren durante quince minutos hasta una estación pequeña. Era una rutina cotidiana, casera, alejada del estrés precipitado que se sufre en las ciudades centrales. ¿Qué si quisiera alguna vez mandar todo al carajo y volver a ese estado? Oh sí, por supuesto. Es curioso cómo uno puede llegar a desear con tanta vehemencia regresar a un pasado prematuro donde la ignorancia era el mayor regalo de todos, inclusive si esto conllevara el cese de su consecuente vida.

Tenía diecisiete. Recuerda el año a vivo color.
Mientras la hermana mayor había emigrado hacia la capital en busca de mejores oportunidades laborales, el padre seguía llevando la tradición de su padre y la mascota ahora era un gato, muchas cosas cambiaron en su frágil humanidad. Su progenitora se mostraba reacia a aceptar su elección vocacional. ¿Cómo pretendía el hijo ganarse un techo a base de letras, de historias siendo un pueblerino? La relación con el hermano de en medio igual se vio fragmentada cuando, fumando a escondidas, el más joven de la familia le confesara que estaba enamorado de un compañero de preparatoria. El dolor producido por los nudillos, encallecidos por la pesca, de su hermano colisionando en su pómulo fue taladrante. Porque en aquél lugar donde la tecnología se había atascado y sus habitantes se rehusaban a asimilar los cambios, el no ser como los demás no era bien visto. Ser diferente y añorar lo diferente iba en contra de sus pensamientos aún arcaicos.
Se sintió perdido.

Creyó comprender lo que era la traición, la rabia opacada por tristeza, que los más cercanos a ti te dieran fríamente la espalda. Lloró, muchísimo, aun cuando se suponía que los hombres no debían llorar ni mostrar emoción alguna.

Y al contarle a su amor adolescente lo sucedido, entre besos de consuelo, surgió la idea, la escapatoria precoz. Fue inmaduro, pero, ¿qué otra alternativa tendrían, con todo en su contra y tantas ganas por demostrarle a un mundo inexplorado de lo que eran capaz? Al caer la noche, estando todos dormidos en la casa a la que él ya no podía llamar hogar, tomó la mochila preparada con algunas de sus pertenencias, decidido a huir. Se marcharían a la gran ciudad, contactarían a su hermana y buscarían un trabajo con el que costearse un estudio, una vida que empezar juntos. ¡Adiós a todos, adiós a quienes no creyeron de su valentía!

Ojalá y se hubiese despedido.

Recuerda todo como si fuera una película que conoces de memoria, o la letra de una canción muy vieja.
Todavía logra verse sujeto a espaldas de su compañero, en una motocicleta, con la adrenalina avivando su corazón. El viento chocando contra ellos en la carretera alumbrada diáfanamente, dibujando a su paso las sinuosas curvas que marcaban las afueras del terreno. Luego los faroles de un automotor aproximándose a su derecha a toda velocidad, furiosamente cerca, cada vez más hasta que... El tiempo se vio suspendido en diminutos fragmentos.

Para los curiosos, se concluyó que la colisión, por muy experimentado que fuese el conductor de la moto, resultó inevitable en todas las alternativas posibles. También se dijo que fue gracias al casco de protección y la manera en la que impactó contra el suelo, que pudo sobrevivir.
Su amor, por el contrario, no corrió el mismo destino.

Ojalá y le hubiese insistido al otro que fuera él quien llevara puesto el único casco que portaban.
Ojalá y esta historia terminase aquí.

UNO Y MEDIO.

ꟷ … ritmo estable.
ꟷ Su riñón derecho ya falló. A este paso, es incierto cuánto tiempo más pueda mantenerse conectado…
ꟷ … El coma inducido hay una probabilidad del 40% que sea parapléjico, 78% cuadripléjico, y más del 80% de permanecer en estado vegetativo si…

ꟷ ¿… Consideramos lo que papá dijo el otro día? Ya saben, lo de hacer que le-…
ꟷ ¡Cállate J****! ¡Eso es todavía más horrible!
ꟷ ¡Pues yo no puedo soportar verlo así, M****! ¡Tampoco ella y…!

ꟷ Cielo, si me escuchas, te amo. Perdóname. Lo siento tanto, lo siento…


Muchos, al despertar, dan relatos extraordinarios. Desde jurar haberse encontrado con un mesías a las puertas de un edén, o haber entrado a un plano astral paralelo a la realidad que les permitió desligarse de su cuerpo y observar todo lo que acontecía a su alrededor. Lo cierto es que su caso no fue nada trascendental; nada sobre el secreto de la vida, ni tener la consciencia abducida por aliens. Todo era oscuro. Era estar ahí y a la vez no, sin saber que los médicos se debatían entre desconectarlo de su respirador artificial o extenderle la agonía. No captaba más allá que voces desconocidas, frases sin contexto. De vez en cuando escuchaba a su familia, les oía reñir por algo, interrumpidos por el bip, bip de lo que luego reconocería como los ecos de su latir reflejados en un electrocardiógrafo.
La única cosa que la fortuna, nuevamente, tuvo a su desdicha de disponerle fue aquella última frase. Clara y cristalina a pesar de estar quebradiza por el llanto.

Su madre había llegado a darle el último adiós.

DOS.

Has tocado tus piernas, lo que consigues alcanzar de tu espalda.
No hay humedad rezagada en tu ropa, ni escozor corto punzante.
Hasta ahora es que notas que el dolor que sientes es tensión.
Cada fibra muscular está sobreexplotada, fatigada.
Tus manos mugrientas ocultan sangre. ¿Es acaso tu sangre?
Vuelves a preguntarte. Y luego lo comprendes.
Esa no es tu sangre, te dices, al tiempo que olvidas cómo seguir respirando.

¿A quién se le enseña acostumbrarse a una piel foránea, un cuerpo que no es el propio sin sucumbir a un ataque de pánico ipso facto?

Su despertar fue confuso, incierto. La primer reacción a lo que para él fue un lapso de un sueño muy pesado fue llevarse las manos al rostro y descubrir, en silencio, que la forma yaciente en este no correspondía a la que su memoria táctil mantenía presente. No se sentía igual. Que al segundo después le acompañó la extrañeza de verse las palmas junto a los antebrazos y descubrir que el color de su dermis era diferente, demasiado. Mas lo peor fue al tratar de gesticular, de clamar por alguien o algo, que se oyó a sí mismo hablando con una voz distinta.

Ese no era él.
El bip, bip de la máquina al que estaba conectado ya no era el mismo.

A lo mejor el terror que sus nuevas facciones reflejaron fue tal, que pronto tuvo a una joven inclinándose a su costado, examinándolo con fijeza. La mujer le regaló una sonrisa cálida a pesar de mirarle fríamente, palpando con dedos gélidos envueltos en guantes de látex sus irreconocibles brazos, obligándolo a permanecer acostado. A la fecha no consigue discernir qué fue lo que le dijo, si algo entre la delgada línea de “vuélvete a dormir” o “mira qué hecho mierda estás” antes de clavarle una aguja en la pierna desvestida. En seguida el tiempo se suspendió de nuevo, ahora por un breve intervalo. Perdió el conocimiento con la velocidad de una bala disparada a quemarropa que ni tuvo el espacio suficiente para cuestionarse a sí mismo qué carajos sucedía.
Si así era la muerte, era un puterío retorcido.
Más tarde entendería que la muerte hubiese sido más alentadora.

Habían acomodado en su línea de tiempo un guion de ficción que al mismo Kafta tendría anonadado, era la vida imagen de La Metamorfosis. Un bicho raro, las entrañas de un experimento del que se jactaban, le dio una segunda oportunidad para vivir tras el accidente. Claro, con la consecuente disforia a no encontrarse en sí mismo, la distorsión de quién era ahora puesta a prueba. Mientras lo físico era algo nuevo, los pensamientos y raciocinio seguían intactos, las memorias perduradas para siempre. Le lavaron el cerebro al enseñarle papeles que suponían, daban el aval de su familia para formar parte del proyecto. Le hicieron ver que la fase de “acoplamiento” era la más extenuante y por lo tanto debía permanecer ahí, encerrado, dado que podía ser un peligro para los demás como para sí al no tener autoría suficiente de su nueva coraza. Prometieron con falsedad dejarle salir media vez alcanzaran la penúltima fase, le dejarían ir por ahí dos años con visitas programadas antes de dejarle en libertad completa para seguir adelante, volver al pueblo, ver los rostros de con quienes compartió sangre en su antiguo cuerpo, reanudar el capítulo incompleto del folleto repetido.

Ahora bien, me preguntas a mí cómo se las apañó para digerir todo aquello sin bordear la locura.
¿Pero qué otro camino te queda si sólo tienes una calle por delante, aun siendo oscura y estrecha?

Fue un asco, no te voy a mentir. Tenerlo ahí, temblando en ansiedades contenidas, acostumbrarse al frío de los electrodos conectados por todo su ser, amoldarse a habilidades que en vez de aventajarlo frente a sus anteriores congéneres humanos le desorientaban todavía más. Era de sádicos haberle proporcionado facultades que le permitían modificar la realidad a su gusto a sabiendas de ser propenso a un declive mental. Cuando no era capaz de controlar del todo las imágenes es que su cabeza dolía, sangraba. Sangraba de cualquier orificio, por todos los cielos. En repetidas ocasiones se desmayó. Conoció lo bien que se sentían los narcóticos para aliviar su dolor al filo de convertirse en dependiente.

Entre tanta estupidez y penuria, fuese la idea necia de una vaga esperanza por encontrarse con la luz del día, o la testarudez digna  de un crío de cinco, siguió despertando. Y cada instante era crítico, cada latido una señal que ahí estaba. Presente. Inhalando. Exhalando. Escuchando murmullos acallados por paredes. Asimilando todo paulatinamente al igual que un recién nacido luchando por ganar defensas, protegerse de la intemperie. Se negaba al rechazo de su funda, a que le dieran de baja por temor a empezar el proceso desde cero y nuevamente hallarse con el pavor de ser convertido en alguien más.

Pensaba que había hecho un progreso al permanecer dieciocho días consecutivos sin una recaída. Los médicos y hombres de ciencia, empero, no compartían la misma opinión. Agendaron la fecha para hacerlo mudar de huésped. Lo único que le restaba era esperar. Una cuenta regresiva.

Al quinto mes todo se fue al carajo.

Conocía de vista a los otros raritos, nunca habló con ellos. Es por esto que jamás se enteraría de lo que tenían planeado, la fechoría que estarían a punto de cometer. Los actos que le obligarían a realizar. Fue una sublevación en masa. Los detalles prefiere omitirlos.

El olor a carne quemada te regresa de nuevo.
Tus pulmones son fuego vivo que quema desde dentro.
Debes salir de ahí, una corazonada te obliga a hacerlo.
Corres a paso descalzo e impreciso, los escombros bajo tus pies, dejando atrás gritos ahogados.
El frío de la noche te impacta de lleno al haber escapado. Nunca creíste volver a experimentarlo.
Estás solo. Ahora en una estación.
En un lugar que no conoces. Donde nadie te conoce a ti.

TRES.

Sobrevivir no fue una decisión propia, fue una obligación.

Cuando vio su cara estampada en los noticieros supo que era momento de decirle adiós a esa coraza insufrible y hacerse una nueva identidad, o de lo contrario estaría muy, muy jodido. Más de lo que ya estaba.

La ayuda que necesitaba la encontró en lugares ocultos a cambio de jugarse el pellejo, irónicamente. Era materia delicada. Ellos le conseguían un recipiente y él a cambio les daría acceso a su microchip, a juguetear con ese pedacito de tecnología infinita para tomarlo de molde y así crear muchos más clandestinamente. Fue una apuesta arriesgada. No sabría expresar si ganó exactamente.

De lo que sí estuvo seguro es que esa vez acoplarse al nuevo residente fue una experiencia más ligera, más pasajera. No hubo anomalías que indicasen un rechazo más allá de la ya conocida sensación de perderse en su propia esencia, sin lograr distinguirse del todo. Aunque hubo información que los desgraciados le ocultaron.

En primer lugar, el cuerpo se sentía demasiado bien para ser a base de clonación barata.
En segundo lugar, nunca le dijeron a qué raza pertenecía, aunque tampoco es como si hubiese tenido el lujo de ponerse selectivo.

Las habilidades de la segunda funda eran peor, mucho peor que la primera.

"Pasé de comer cereal para niños a desear comer niños para el desayuno"

¿Te imaginas pidiéndole a un ghoul un oral?
Menuda suerte de mierda la que se trae.


''Cause I had the best of the worst sides. And I had these lungs. And I had too many flash fires that I just let them burn.
Extras

01. Ya han pasado tres años desde su último cambio y todavía sigue sin acostumbrarse a todo lo que es capaz de realizar. Lo peor ha sido tener que enfrentarse al debate moral de alimentarse de carne humana. Se niega, por muy inaguantable que sea el hambre que padezca, a atacar a un mortal, al menos uno que tenga los cinco sentidos intactos. Ha logrado sobrellevar la existencia con la ingesta de cadáveres que los grupos criminales en Las Ruinas van dejando atrás y desechos de morgues, hospitales. Para un ghoul, su dieta sin duda es un fiasco, a raíz de la cual ha empezado a padecer los embates de la anemia.
02. En relación a lo anterior, si de por sí la piel del sujeto era ya blanquecina, ahora se le ve más pálido, apenas conservando color en la zona de los labios.  Sufre de frío constante en sus extremidades, por ende siempre se le verá envuelto en ropas de manga larga, cuellos altos, abrigos de segunda mano y pantalones. 1.76 metros. Cabello lacio. Delgado, aunque llegaría a tener la fuerza de un hombretón de poner más esmero en el cuidado de su salud. Pareciera que se saboteara adrede, en un arranque de desprecio propio.
03. Su sueño frustrado por ser un escritor consagrado sigue latente. Añoró ser un guionista para películas o un adaptador de novelas a la pantalla chica; el ser el autor de la trama de un videojuego también perfilaba entre sus intereses. En la actualidad no hace más que componer columnas en un periódico local de forma esporádica, cuando le contratan por falta de material o personal. También ha llegado a escribir artículos porquería para el tipo de revista que encuentras en el supermercado o puedes descargar en línea y no te cuesta más de tres dólares americanos. No ha publicado nada rimbombante, avasallante, y en cierta manera se ha convencido que es mejor pasar inadvertido.
04. Tiene el afán de escribir relatos cortos de suspenso donde el debate existencial de la muerte es tocado reiteradamente, dándosele relativamente bien gracias a sus propias experiencias. Dichos están compilados en un diario que cuida religiosamente. Teme que algún día un circuito de su chip se estropee y comience a perder la memoria. Documenta además cualquier vivencia de importancia o describe con detalle alguna persona que marque un hueco en sí al punto de no querer olvidarla. Ya ha llegado a completar dos cuadernos, va por el tercero.
05. No le avergüenza admitir que ha llegado a cobrar por sexo con tal de ganar dinero, o aprendido a robar sin ser descubierto, vender información, entre otros delitos menores.
06. Desconoce si los traficantes hicieron una réplica exacta de su chip, con memorias incluidas. En cambio está seriamente convencido que su funda estuvo antes viva, que amó, odió y se procreó. El día de su conexión al vestirse con la ropa de su talla, encontró doblada cuidadosamente en la bolsa de una gabardina la fotografía de una niña con una remembranza escalofriante a su nuevo rostro. Se pregunta qué será de la pequeña, de los seres que conocieron a su ocupante. Le obsesiona pensar cuál sería su nombre, a qué se dedicada, con quiénes compartía secretos, datos mundanos… El morbo por descubrir dicho pasado todavía no sobrepasa el peligro que abrir esa caja de Pandora significaría.
07. Fanático tras los días del proyecto de toda sustancia nociva que atente con dejarlo más y más muerto. Fuma más que tu tío con cáncer pulmonar en fase terminal. Pastillero, yonqui a medias.  Si ingesta alcohol que sea para embriagarse, pues al instante lo vomita.
08. Sufre de terrores nocturnos, sopesa que a raíz del estrés post-traumático y la mierda de pensar que borró la existencia de alguien para reemplazarlo en su cuerpo, aunque no directamente. Por esto rara vez pega el ojo por las noches. Advertencia: Tiene un horario de sueño trastornado y un despertar de los mil diablos.
09. Intentó suicidarse una vez. Sí. Y la única razón por la que no tuvo éxito es porque su microchip fue diseñado para evitarlo. En los laboratorios, en vista de la desesperación de los sujetos que los llevaba a arrancarse a pedazos la nuca con tal de destruir el implante,  idearon un sistema de acción-reacción: al detectar el impulso del individuo junto a niveles elevados de estrés se envía una descarga eléctrica por la espina dorsal, causando parálisis y en ocasiones, dejándolos fritos, inconscientes.
10. No siendo el primero ni el segundo, pero el tercero, que decidió darse marcas distintivas a fin de apropiarse de su entereza. Tiene tres perforaciones en la oreja izquierda, llevaba uno en la tetilla derecha que desechó al ser altamente alérgico en la zona. En su espalda lleva el tatuaje de la cabeza de un tigre con la palaba “devorar” en japonés.


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 por Gaia Leberecht el Dom Jun 16, 2019 11:44 am
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